Existen dos narcisismos, uno primario y otro secundario.
En el narcisismo primario el yo se encuentra (originariamente) investido de pulsiones y es capaz de satisfacerlas de manera autoerótica; esto significa que la libido se conduce al yo: se ama a sí mismo. Desgraciadamente, desde el nacimiento, el humano es incapaz de satisfacer sus pulsiones sexuales y de autoconservación, las primeras porque desde el inicio reclaman un objeto, y las segundas porque nunca se satisfacen autoeróticamente; tampoco puede alterar el mundo exterior y disminuir los estímulos que provienen de este, por lo que se ve obligado a ser cuidado, a que sus necesidades sean satisfechas desde afuera y, por ello, a salir del narcisismo primordial.
Así pues, la libido narcisista se apuntala en la satisfacción de las grandes necesidades, hay un hallazgo del objeto y una parte de dicha libido narcisista deviene en libido de objeto. El primer objeto erótico del niño será, así, el pecho materno que le alimenta; cabe mencionar que éste, en un inicio, no es distinguido del cuerpo propio, posteriormente será separado y trasladado hacia fuera y, en tanto se le echa de menos, una parte de la investidura libidinal narcisista se le adjudicará, de tal suerte que se convierte, entonces sí, en un objeto. Posteriormente, este objeto se completará en la persona de la madre (o quien sea la cuidadora primaria), que no sólo nutre, sino que también cuida y provoca muchas sensaciones (placenteras y displacenteras). Esta primera elección de objeto será, entonces, incestuosa.
La elección de objeto se realiza en dos tiempos: el primero se da entre los dos y cinco años de vida, que el periodo de latencia detiene o hace retroceder; el segundo sobreviene en la pubertad y determina la conformación definitiva de la sexualidad: se consuma el hallazgo de objeto. En ambos momentos, el conjunto de los afanes sexuales se dirigen a una sola persona, en quien quieren alcanzar toda su meta; la diferencia radicará en que en el segundo momento ya se ha afirmado el primado de las zonas genitales y será necesario renunciar a los objetos infantiles y empezar de nuevo como corriente sensual.
Asimismo, la elección de objeto puede producirse según dos tipos: narcisista, donde el yo es reemplazo por otro que se le parece en todo lo posible; y por apuntalamiento, donde las personas que han adquirido valor por haber satisfecho necesidades del infante, son escogidas también como objeto.
El narcisismo secundario se da de forma posterior a la elección de objeto, pues significa que la libido que ha investido a los objetos es retornada al yo: el yo se impone (o busca imponerse) como objeto de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario