De las manifestaciones de lo inconsciente, el chiste es la más social, pues siempre requiere de otra persona (además de quien lo cuenta).
Es un chiste toda provocación consciente y hábil de la comicidad, es un juego que brota de golpe como una ocurrencia involuntaria, particularmente breve, cuya meta es la ganancia de placer.
Al escuchar un chiste, es muy común que no sepamos, conscientemente, por qué reímos.
Al formar un chiste se abandona el hilo de pensamiento, que aflorará sólo hasta el final, por ello, parece un sin-sentido, que al mismo tiempo evita la apariencia de ser un disparate. Aunque parece un sin-sentido, se ubica profundamente en el nivel de la verdad, del sentido ("entre broma y broma, la verdad se asoma"), su naturaleza es mirar más allá, ver lo que no está ahí.
Para que funcione, es necesario que la otra persona, quien escucha, autentifique el paso de sentido.
Igual que el sueño, se estructura a partir de la condensación y el desplazamiento (La condensación se da cuando una representación recibe la investidura de muchas otras representaciones; el desplazamiento, por su parte, se da cuando la investidura pasa a otra representación).
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